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Actividad física: clave en la prevención y manejo del deterioro cognitivo en adultos mayores.

25 may 2025
3 min de lectura

Actualizado: 4 jul 2025

Deterioro cognitivo: un reto global

El deterioro cognitivo leve (DCL) es considerado una fase intermedia entre el envejecimiento normal y la demencia. Según la Lancet Commission (Livingston et al., 2020), alrededor del 10-20% de los adultos mayores de 65 años presenta DCL, y cada año un porcentaje importante progresa hacia enfermedades como el Alzheimer.



Evidencia del rol protector de la actividad física

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2019) reconoce a la actividad física regular como uno de los 12 factores modificables más relevantes para reducir el riesgo de demencia. La evidencia es clara: las personas físicamente activas tienen un riesgo significativamente menor de deterioro cognitivo y demencia en comparación con las sedentarias.

Un metaanálisis de Blondell et al. (2014) encontró que adultos físicamente activos presentaron un 35% menor riesgo de deterioro cognitivo. Este hallazgo ha sido respaldado y ampliado por revisiones posteriores, como la de Santos-Lozano et al. (2016), que destaca el efecto protector del ejercicio sobre la estructura y función cerebral, especialmente en regiones clave como el hipocampo.


Mecanismos: ¿Cómo protege el ejercicio al cerebro?

Los mecanismos por los cuales la actividad física impacta positivamente la salud cognitiva incluyen:

  • Aumento del flujo sanguíneo cerebral.

  • Liberación de neurotrofinas como el BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), que favorece la neurogénesis.

  • Reducción de la inflamación sistémica y estrés oxidativo.

  • Mejora de la conectividad neuronal.

Estas adaptaciones fisiológicas se asocian con una mayor reserva cognitiva y retraso en la aparición de síntomas clínicos (Livingston et al., 2020).


Recomendaciones prácticas basadas en la evidencia

De acuerdo con las Guías de la OMS (2019) y revisiones recientes (Gheysen et al., 2018), se recomienda para adultos mayores:

  • Al menos 150 minutos semanales /30 minutos diarios de actividad física aeróbica de intensidad moderada.

  • Incorporar ejercicios de fuerza muscular dos o más veces por semana.

  • Actividades de equilibrio y coordinación, como yoga o taichí, para reducir riesgo de caídas.

En programas que integran desafíos cognitivos (como coreografías, baile o deportes grupales), los beneficios pueden ser aún mayores (Gheysen et al., 2018).



Sinergia con la música

Intervenciones que combinan movimiento con música —como sesiones de baile terapéutico o ejercicio con música— incrementan la motivación, el entrenamiento de habilidades múltiples, multitasking y la estimulación sensorial, generando un doble beneficio físico y cognitivo. Esta sinergia puede ser clave para profesionales que trabajan en centros de cuidado, residencias y programas comunitarios.


Conclusión

El deterioro cognitivo es una de las principales amenazas para la independencia en la vejez. Implementar programas de actividad física estructurada y supervisada, ofrece una vía efectiva y segura para prevenir, retrasar y manejar este proceso. Y al complementarlos con enfoques creativos a través de la música abre nuevas modalidades de aplicación.

Los profesionales de la salud tienen la responsabilidad de promover, adaptar y supervisar estas intervenciones basadas en evidencia para maximizar sus beneficios.


Referencias

  • Blondell, S. J., Hammersley-Mather, R., & Veerman, J. L. (2014). Does physical activity prevent cognitive decline and dementia? A systematic review and meta-analysis of longitudinal studies. BMC Public Health, 14(1), 510. https://doi.org/10.1186/1471-2458-14-510

  • Gheysen, F., Poppe, L., DeSmet, A., Swinnen, S. P., Cardon, G., De Bourdeaudhuij, I., & Fias, W. (2018). Physical activity to improve cognition in older adults: Can physical activity programs enriched with cognitive challenges enhance the effects? A systematic review and meta-analysis. International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, 15(1), 63. https://doi.org/10.1186/s12966-018-0697-x

  • Livingston, G., Huntley, J., Sommerlad, A., Ames, D., Ballard, C., Banerjee, S., ... & Mukadam, N. (2020). Dementia prevention, intervention, and care: 2020 report of the Lancet Commission. The Lancet, 396(10248), 413–446. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)30367-6

  • Organización Mundial de la Salud (OMS). (2019). Risk reduction of cognitive decline and dementia: WHO guidelines. https://www.who.int/publications/i/item/risk-reduction-of-cognitive-decline-and-dementia

  • Santos-Lozano, A., Pareja-Galeano, H., Sanchis-Gomar, F., Quindós-Rubial, M., Fiuza-Luces, C., Cristi-Montero, C., & Lucia, A. (2016). Physical activity and Alzheimer disease: A protective association. Mayo Clinic Proceedings, 91(8), 999–1020. https://doi.org/10.1016/j.mayocp.2016.04.024

 
 
 

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